Sebastián Dávalos: Cortemos el leseo, ¿Ok?

Sebastián Dávalos y Natalia Compagnon

Si, yo fui uno de los que se reía a carcajadas de las rutinas de Yerko Puchento, burlándose de Sebastián Dávalos. Hice eco de sus sobrenombres y estaba de acuerdo con el juicio público que se hacía de él.

Y no estaba solo. El chileno promedio gozó con el tema. Sebastián Dávalos encarnaba la figura que muchos odiamos: Un tipo mimado que tiene todo en bandeja de oro por ser el hijo de la presidenta, que aprovecha su apellido para obtener beneficios, que tiene acceso a información privilegiada para forrarse de plata, que hace ostentación de sus lujos sin siquiera intentar aparentar un poquito de discreción, etc.

En el fondo, y digámoslo así, Sebastián Dávalos representaba al tipo que está donde está, no por mérito propio, sino por pituto e influencia familiar. Esa es la lectura que, al menos yo, hacía de él.

Por esto, queríamos verlo hundirse.

Los medios también se dieron un festín con esto. Los matinales no se cansaban de repetir las escenas de él (o su señora, Natalia Compagnon) en tribunales, enfrentando querellas o demandas. Después se sumó la farándula, cuyos reporteros hacían guardia en cualquier lugar donde pudiesen estar el hijo o la nuera de Bachelet.

Se dieron cosas totalmente ridículas, como que incluso Rafael Garay apareció en los medios criticando a Caval (la empresa en que participaba Dávalos y Compagnon). Osea, perdón… ¡Rafael Garay!, el tipo que se inventó y convenció a sus amigos que tenía una enfermedad terminal para luego arrancar de Chile estafando a medio mundo y que tuvieron que traer de vuelta esposado de pies y manos, aparecía criticando a otro porque hacer un negocio asíse ve mal. ¿Soy el único que ve la ironía en eso?

Para qué hablar de rutinas humorísticas como las de Yerko Puchento, que semana a semana hacían pedazos a Dávalos, tratándolo de guatón sinvergüenza, epidemia con aros, guatón sebiento y parrillero, cara de raja y muchos otros insultos que nos acostumbramos a escuchar, comentar en nuestros trabajos y, hasta el día de hoy, los asociamos con Sebastián Dávalos.

También recuerdo cosas bastante impactantes y que se decían muy a la ligera por parte de gente con micrófono en otros medios. Mientras iba al trabajo solía escuchar un programa de radio Zero llamado desde Zero (no lo busquen, ya no existe). La cosa es que en más de una ocasión escuché a Rafael Gumucio decir abiertamente que Natalia Compagnon parecía hombre y que no entendía cómo alguien sería capaz de casarse con ella.

Recordemos que todo esto fue mientras Michelle Bachelet era presidenta de Chile y su popularidad comenzó a hundirse. Sería simplista decir que fue debido a su hijo y el caso Caval, pero claramente tuvo impacto, al punto que prácticamente cortó relación familiar con su nuera y nietos (o así se dijo al menos).

Admito, como dije al inicio, que fui uno de los que gozó con todo esto. Bachelet nunca ha sido santo de mi devoción (por muchos motivos que no vienen al caso) y Sebastián Dávalos caía en esa categoría también. Pero todo eso cambió hace un par de semanas en que leí una noticia que relataba una orden de embargo a Dávalos y Compagnon, en que incluso se detallaban los bienes embargados.

Al ver la lista, me llamó la atención que eran bienes cotidianos que cualquiera podría tener en su casa. Un arrimo avaluado en $25.000… un sofá en $50.000… un microondas en $20.000… pero lo que me dio mucha pena, fue ver que entre las cosas embargadas, habían varios juguetes de sus hijos. Un par de bicicletas, un taca taca, un scooter… Fue ahí cuando me di cuenta de algo que puede parecer muy obvio, pero que uno, a veces, no piensa: Detrás de todo esto había una familia que la debe estar pasando bastante mal.

A lo mejor es difícil no pensar en la colección autos Lexus de Dávalos. O en esos supuestos terrenos y propiedades que se supone que tiene, para luego, con esa envidia y necesidad de chaqueteo, sentimientos tan típicos del chileno, decir: se tiene merecido todo esto.

Pero luego pienso en su familia. En sus hijos (de 7 y 9 años). También pienso en Sebastián Dávalos como Natalia Compagnon, que visiblemente intentan aparentar fortaleza, una resiliencia que visiblemente no es tal. Hoy en día son una familia endeudada, con órdenes de embargo de distintos bancos por créditos que no han podido pagar. De los famosos Lexus ya no queda ninguno (los tuvieron que vender todos). También vendieron el departamento que tenían en Viña del Mar y 3 terrenos de 5.000 mts2.

¿Y cuál es el gran pecado de Dávalos o Compagnon? El armar una empresa para hacer negocios según las oportunidades que se presentan?… ¿Comprar algo barato para después venderlo más caro?… Osea, hay millones de chilenos haciendo lo mismo.

¿Otros cargos? Guste o no, lo cierto es que, tanto Dávalos como Compagnon, han sido investigados durante 4 años y han sido sobreseídos en cada imputación que han recibido, excepto en una causa: Una declaración mal hecha frente a S.I.I. de una boleta, por parte de Compagnon. Le habían imputado fraude tributario por 11 boletas, pero resultó que sólo una de ellas tenía un error, el resto estaba bien.

Tal vez fue el destino, o simple coincidencia, que justo este domingo recién pasado, en el nuevo inicio de temporada de Estado Nacional (programa de TVN transmitido los domingos por la mañana), anunciaran que tendrían como entrevistado principal a Sebastián Dávalos.

Obviamente decidí ver la entrevista completa (de aprox. 1 hora). La encontré bastante interesante y, más allá de lo que piensen los demás, de verdad creo que es bueno que Dávalos cuente su verdad. Ya bastante tiempo hemos estado escuchando la verdad de otros, ahora él tiene todo el derecho a contar la suya y ojalá le prestáramos la misma  atención que tenían las rutinas de Yerko Puchento.

Finalmente, lo que vi fue a un tipo medio acorralado, en ocasiones visiblemente nervioso. Quién lo podría culpar, si está prácticamente en cadena nacional contando su versión, después que lo han estado haciendo pedazos durante 4 años.

De toda la entrevista, una de las cosas que más me llamó la atención vino desde el minuto 35:30 en adelante, cuando le preguntan sobre la ridiculización que fue víctima. Sin embargo, por lejos, lo que más me impactó está en el minuto 38:30, en que Matías del Río le pregunta cuales han sido los costos que ha tenido que pagar en su vida, debido a todo esto. Quedé con la sensación que en ese momento Dávalos estuvo a punto de quebrarse.

También me pareció que en ese momento venía otra pregunta obvia, pero nunca llegó, referida a los costos familiares y cómo ha impactado este caso dentro de su familia, su esposa y sus hijos. No debe haber sido lindo el ver que se burlen de tus hijos en el colegio diciendo que su papá o mamá es aquí o allá, cosa que siempre pasa en estos casos.

Tampoco debe ser agradable salir a la calle con miedo, tener que cambiar el peinado o usar lentes grandes que cubran parte de tu cara, por miedo a que te reconozcan o incluso te agredan.

Me encantaría saber si Matías del Río no hizo esa pregunta porque sabía que Dávalos se podía quebrar con la respuesta, o tal vez no era tan obvia y simplemente no se le ocurrió.

Terminada la entrevista, entré a twitter a leer comentarios y honestamente me impresioné bastante con el nivel de odiosidad que seguimos teniendo. Bah, tampoco puedo decir que no me lo esperaba, pero aún así es increíble lo trastocados que podemos llegar a  estar en algunos casos. Miren este ejemplo:

Tweet sobre Sebastián Dávalos

Osea… Qué tan idiota hay que ser para poner a Dávalos al mismo nivel que un narcotraficante y asesino como el Chapo Guzmán?… o dictadores como Fidel Castro? Lo peor de todo es que hubo 7 idiotas más que le dieron like y otros 6 que hicieron retweet.

Hubo muchos otros ejemplos como ese. Creo que no vi a absolutamente nadie defendiendo a Dávalos o con algún comentario a favor. Tal vez fue eso lo que me llevó a publicar este post, no lo sé.

En fin, ya me alargué demasiado con todo esto. Al final, mi único deseo es que cortemos el leseo con esta familia y dejemos que la justicia siga su curso, nada más. No tengo idea si son culpables de algo (tiendo a pensar que no), pero lo que si sé, es que no se merecen el escarmiento público que han tenido que sufrir durante estos 4 años. Ninguna familia se lo merece y si somos tan buena gente como decimos ser, no deberíamos seguir apuntando con el dedo asignando culpas, hay instituciones para eso.